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Acompañar en comunidad, lazos que sostienen

Una comunidad para quienes acompañan espacios de crianza y juego libre. O para quienes lo desean y aún no se animan.

Primera edición completa · lista de espera abierta para la segunda
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Faus Antunes sentada en el suelo de la sala, acompañando a un grupo, con una madre y su bebé al fondo

Me llevó mucho tiempo, formaciones y autojuicios animarme a acompañar familias.

Empecé desde cero. Mis primeros grupos eran de pocas familias; todavía recuerdo aquella sesión para dos madres en un parque, al aire libre.

Fui aprendiendo y trabajando en la divulgación de mi propósito. Sembré la semilla. Trabajé mucho, y mucho de ello de forma altruista, para sembrarla. Y dio frutos: de pronto los grupos se llenaban, y las listas de espera también.

Como no quería dejar a nadie fuera, empecé a abrir grupos nuevos a demanda de las familias. Hasta que me resultó insólito: había más familias que Nidos. Un Nido es un espacio de encuentro y de comunidad, ¿cómo no iba a haber lugar para ellas? ¿Cómo decirles que no?

Y entonces lo vi claro: hacer equipo. Mis compañeras de aquel entonces transformaron su rumbo y dejaron de acompañar Nidos —seguimos juntas formando profesionales para acompañar a las familias y a la infancia—, pero yo me había quedado sin equipo con quien sostener los espacios de encuentro. Sin nadie a quien recomendar cuando mis grupos estaban llenos, o cuando mi horario no le venía bien a una familia.

Por eso nace esta propuesta.

Porque deseo que haya más Nidos en el mundo que familias buscando uno.

No es una formación: es un espacio de reflexión, acompañamiento, reciclaje y aprendizaje.

lo que casi nunca se habla en voz alta

¿Te suena algo de esto?

  • Esa voz de dentro que pregunta: «¿y quién soy yo para esto?»
  • Decir algo con todo el cuidado del mundo y que, aun así, siente mal.
  • Poner precio a tu trabajo sin que se te encoja el cuerpo.
  • Un bebé que llora y la incomodidad que se instala en la sala.
  • El conflicto entre criaturas. Y el de las personas adultas, que, a veces, puede ser más retador.
  • Contar lo que haces sin sentir que te estás vendiendo.
  • La idealización: cuando lo que compartes acaba pesando como una exigencia más.
  • Terminar el día con preguntas y no tener con quién reflexionarlas.

¿Y cómo te llevas con las expectativas? Te cuento algo que me pasó a mí.

Al acabar una de las sesiones de Nido, una madre se acercó con los ojos brillosos a agradecerme. Me dijo que se había emocionado, que varias veces había querido llorar. Todo era emoción y satisfacción hasta que terminó su compartir diciendo:

«Uf, me siento mala madre. He visto todo lo que hago mal.»

Faus Antunes abrazando a una madre al terminar un encuentro

En ese momento mi mundo se derrumbó. Se derrumbó porque me preocupa ser parte del entramado: el exceso de información que nubla el instinto, y las madres de escaparate, esas de plástico que no existen y que tantas creen reales. La idealización.

Me esfuerzo por no ser ninguna de las dos, y aun así la primera me cuesta. Porque me gusta mi trabajo. Me apasiona la reflexión, el diálogo, la comunicación. Revisarme, reciclarme, aprender. Y todo eso lo llevo a mi espacio profesional.

Se lo dije tal cual: que me frustraba ser el estímulo que desencadena pensamientos intrusivos. Y ella me respondió que para nada, que venía a ese espacio a aprender una forma distinta de acompañar. Le dije que yo también. Que si algo no he dejado de hacer nunca es aprender, reflexionar, cuestionar.

Hoy añado algo más: empecé a disfrutar, agradecer y abrazar la madre que soy.
A soltar la exigencia.
A ratos: todavía no siempre.

Y suelo decirlo medio en broma a las familias: desconfía de quien te venda fórmulas magistrales para criar.

Acompañar el autojuicio, acompañar el «mala madre»… ¿lo añadimos a la lista?

De todo esto hablamos. Y de lo que traigas tú.

Faus Antunes en la sala con dos bebés y otra adulta acompañando al fondo
cómo nos encontramos

Un grupo pequeño, sostenido en el tiempo

  • Un encuentro al mes, de dos horas, online y en grupo reducido.
  • Un grupo de WhatsApp para los días de entremedio, que son casi todos.
  • Material audiovisual para seguir pensando.
  • Una red de profesionales que se sostienen entre sí.
  • Grupo de 5 a 7 personas
  • Compromiso mínimo de 4 meses
  • Online, desde donde estés
  • Precio de lanzamiento: 60 € al mes

Confío, y no quiero hacerlo sola.

Te lo cuento todo en el dossier

Los temas, el ritmo, cómo son los encuentros y qué me gustaría que te lleves: confianza, honestidad y sostén. Si después de leerlo algo sigue latiendo, escríbeme.

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