Una comunidad para quienes acompañan espacios de crianza y juego libre. O para quienes lo desean y aún no se animan.

Me llevó mucho tiempo, formaciones y autojuicios animarme a acompañar familias.
Empecé desde cero. Mis primeros grupos eran de pocas familias; todavía recuerdo aquella sesión para dos madres en un parque, al aire libre.
Fui aprendiendo y trabajando en la divulgación de mi propósito. Sembré la semilla. Trabajé mucho, y mucho de ello de forma altruista, para sembrarla. Y dio frutos: de pronto los grupos se llenaban, y las listas de espera también.
Como no quería dejar a nadie fuera, empecé a abrir grupos nuevos a demanda de las familias. Hasta que me resultó insólito: había más familias que Nidos. Un Nido es un espacio de encuentro y de comunidad, ¿cómo no iba a haber lugar para ellas? ¿Cómo decirles que no?
Y entonces lo vi claro: hacer equipo. Mis compañeras de aquel entonces transformaron su rumbo y dejaron de acompañar Nidos —seguimos juntas formando profesionales para acompañar a las familias y a la infancia—, pero yo me había quedado sin equipo con quien sostener los espacios de encuentro. Sin nadie a quien recomendar cuando mis grupos estaban llenos, o cuando mi horario no le venía bien a una familia.
Por eso nace esta propuesta.
Porque deseo que haya más Nidos en el mundo que familias buscando uno.
No es una formación: es un espacio de reflexión, acompañamiento, reciclaje y aprendizaje.

¿Te suena algo de esto?
- Esa voz de dentro que pregunta: «¿y quién soy yo para esto?»
- Decir algo con todo el cuidado del mundo y que, aun así, siente mal.
- Poner precio a tu trabajo sin que se te encoja el cuerpo.
- Un bebé que llora y la incomodidad que se instala en la sala.
- El conflicto entre criaturas. Y el de las personas adultas, que, a veces, puede ser más retador.
- Contar lo que haces sin sentir que te estás vendiendo.
- La idealización: cuando lo que compartes acaba pesando como una exigencia más.
- Terminar el día con preguntas y no tener con quién reflexionarlas.
¿Y cómo te llevas con las expectativas? Te cuento algo que me pasó a mí.
Al acabar una de las sesiones de Nido, una madre se acercó con los ojos brillosos a agradecerme. Me dijo que se había emocionado, que varias veces había querido llorar. Todo era emoción y satisfacción hasta que terminó su compartir diciendo:
«Uf, me siento mala madre. He visto todo lo que hago mal.»

En ese momento mi mundo se derrumbó. Se derrumbó porque me preocupa ser parte del entramado: el exceso de información que nubla el instinto, y las madres de escaparate, esas de plástico que no existen y que tantas creen reales. La idealización.
Me esfuerzo por no ser ninguna de las dos, y aun así la primera me cuesta. Porque me gusta mi trabajo. Me apasiona la reflexión, el diálogo, la comunicación. Revisarme, reciclarme, aprender. Y todo eso lo llevo a mi espacio profesional.
Se lo dije tal cual: que me frustraba ser el estímulo que desencadena pensamientos intrusivos. Y ella me respondió que para nada, que venía a ese espacio a aprender una forma distinta de acompañar. Le dije que yo también. Que si algo no he dejado de hacer nunca es aprender, reflexionar, cuestionar.
Hoy añado algo más: empecé a disfrutar, agradecer y abrazar la madre que soy.
A soltar la exigencia.
A ratos: todavía no siempre.
Y suelo decirlo medio en broma a las familias: desconfía de quien te venda fórmulas magistrales para criar.
Acompañar el autojuicio, acompañar el «mala madre»… ¿lo añadimos a la lista?
De todo esto hablamos. Y de lo que traigas tú.

Un grupo pequeño, sostenido en el tiempo
- Un encuentro al mes, de dos horas, online y en grupo reducido.
- Un grupo de WhatsApp para los días de entremedio, que son casi todos.
- Material audiovisual para seguir pensando.
- Una red de profesionales que se sostienen entre sí.
- Grupo de 5 a 7 personas
- Compromiso mínimo de 4 meses
- Online, desde donde estés
- Precio de lanzamiento: 60 € al mes
Confío, y no quiero hacerlo sola.
Te lo cuento todo en el dossier
Los temas, el ritmo, cómo son los encuentros y qué me gustaría que te lleves: confianza, honestidad y sostén. Si después de leerlo algo sigue latiendo, escríbeme.
